Mar 17 abr 2012
Segundo Plenario Abierto
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Mar 17 abr 2012
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Lun 19 mar 2012
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Mie 29 feb 2012
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Descargar la herramienta que elaboramos para analizar la propuesta del Gobierno (archivo Excel)
http://www.mediafire.com/?8w38wq5fp9rbj2h
Jue 23 feb 2012
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Seguramente no hay muchas sorpresas luego de terminado el cálculo. Que no alcanza ya se sabe pero ¿la conducción de UEPC tendrá en cuenta estos números cuando pide al gobierno una recomposición salarial que, de concretarse, haría que una maestra que recién se inicia cobre la miseria de $3000 (para sostener una familia, como es en muchos casos). Ni siquiera con el sobresfuerzo de trabajar dos turnos (con el lógico desgaste físico y mental que esto implica), es posible alcanzar un monto acorde a las necesidades reales de las y los docentes.
La escalada inflacionaria no da respiro y menos aún con la quita de subsidios que comienza a sentirse… Aun a sabiendas de esto, los legisladores, supuestos representantes del pueblo, en estos días se aumentaron el sueldo en un 100%, miestras que el Banco de la Provincia –casi como chiste de mal gusto- ofrece créditos para costear los gastos de comienzos de año en útiles escolares y demás. ¿Será que es imposible negar el deterioro del salario real?
La única chance de revertir esta situación está en nosotros mismos. Tenemos que exigir lo que merecemos y necesitamos. Si nos movilizamos juntos es posible. Construyamos mandatos de lucha democráticamente y organicémonos. Revalorizar la tarea docente no solo es un derecho sino una responsabilidad.
Mar 1 nov 2011
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La salud laboral se encuentra en estrecha relación con las condiciones de trabajo en las que nos encontramos las y los docentes en un momento determinado, y no –tal como desde hace un tiempo se pretende instalar- como un asunto individual, atribuible sólo a características personales de cada trabajadora y trabajador.
Podemos reconocer que entre las condiciones que influyen en nuestra tarea cotidiana se encuentran, tanto aquellas referidas a las características de la infraestructura de nuestros espacios de trabajo, a los agentes físicos (el polvo de tiza, por ejemplo) presentes en el ambiente, como a aquellos que hacen a la organización y ordenamiento de nuestra tarea (las formas de participación, las políticas educativas, el clima laboral, la cultura institucional) y a las características de la actividad que realizamos.
Desde hace unas décadas, somos testigos de la precarización, flexibilización y deterioro de nuestro ambiente laboral, y con él de nuestra salud y la de los demás actores educativos.
Sin profundizar tanto la mirada, podemos identificar las malas condiciones edilicias en que se encuentran muchas escuelas, hecho que se visibilizó masivamente en el año 2010 a partir de la movilización de estudiantes, madres, padres y docentes a lo largo y a lo ancho de nuestra provincia. Y la novedad de 2011: escuelas container…
La desactualización y pérdida de poder adquisitivo de nuestro salario, que no llega a cubrir la mitad de la canasta familiar, a la par de la sobreexigencia y nuevas responsabilidades que las y los docentes asumimos día a día, influyen también en las condiciones mencionadas.
Esta sobreexigencia se vive desde el momento en que el imperativo de inclusión no es acompañado de una reestructuración real de la escuela y un replanteo de la tarea docente. Como trabajadoras y trabajadores docentes, en tanto actores sociales y políticos, nos vemos interpelados por una realidad social y educativa que también nos atraviesa y pone en cuestión permanente nuestra autoridad y rol profesional. Por ello, proponemos que nuestra tarea debe comenzar a pensarse en un sentido más amplio – no sólo referido al trabajo en el aula – y habilitar el trabajo colectivo.
Otro aspecto que impacta en las condiciones laborales de las y los trabajadores de la educación está vinculado a las políticas educativas y a los cambios curriculares arbitrarios e inconsultos que no sólo ponen en riesgo las fuentes laborales de las y los docentes, sino que nos ubica como meros aplicadores de decisiones tomadas por otros, enajenando de este modo nuestra actividad.
En este marco –entre otros múltiples efectos- se incrementan los factores de riesgo para la salud de las y los trabajadores, y es donde aparecen entonces algunas de las dolencias más frecuentes: las foneátricas, las vinculadas al sistema osteo-muscular, y las referidas a aspectos psico-sociales (el cansancio físico y psíquico, el sentimiento de frustración, de impotencia, de falta de herramientas para hacer frente a la tarea cotidiana). Éstas, suelen ser atendidas y reconocidas sólo al momento de identificarse como enfermedades (que recargan el gasto de la obra social en lugar de ser atendidas por las ART), pero no son prevenidas desde un accionar sistemático que atienda a las condiciones de trabajo de todas y todos los docentes y no sólo la situación particular de quien presenta una dolencia. El tratamiento puntual de las enfermedades –necesario, por supuesto- no resuelve ni evita el riesgo permanente al que nos vemos expuestos las y los trabajadores de la educación, sino que apunta a cubrir los baches de un sistema que, por su propio funcionamiento, produce situaciones de insalubridad.
Consideramos que no hay píldoras mágicas que resuelvan estas situaciones. La salud laboral no es sólo una cuestión técnico-legal sino político-social, ya que supone una perspectiva particular en torno al trabajo, a los derechos de docentes y estudiantes y a las prioridades que debe atender el Estado como parte de su agenda pública, en tanto implica la construcción de espacios de trabajo y condiciones saludables, y la destinación de los presupuestos necesarios para ello.
De este modo, sostenemos que es necesario que como trabajadoras y trabajadores de la educación seamos parte de procesos de cambio que involucren:
Existen leyes[1], normativas que nos protegen, que son consecuencia de luchas históricas de las y los trabajadores, y que no están siendo cumplidas; que nuestro gremio, además, no difunde en su integridad ni exige que se cumplan.
Sólo en la medida en que comencemos a percibirnos como colectivo de docentes y a pelear por mejores condiciones de trabajo para todas y todos, podremos avanzar sobre las problemáticas que sufrimos en la actualidad, las cuales no sólo se manifiestan en el deterioro de la salud de miles de compañeras y compañeros, sino que también, impactan en las posibilidades de desarrollar prácticas educativas realmente democráticas, populares, emancipadoras y de calidad.
[1] Ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo 19587/72 y decreto reglamentario 351/79.
Ley de Riesgos del Trabajo 24557
Estatuto docente.