Los trabajadores y trabajadoras tenemos ya  bien en claro que la conducción de la UEPC, concibe la “relación laboral” como una negociación personal y cómplice con el poder patronal. Para ello, se sirve de una serie de discursos y de prácticas a veces legalizadas pero carentes de legitimidad, y muchas otras, lisa y llanamente corruptas.

El desdoblamiento de la Asamblea de Delegados de Capital, del 16 y 17 de noviembre, ha demostrado ser una estrategia más en este sentido. Así lo evidencian las maniobras dilatorias de la lista Celeste para no votar las mociones de orden que proponían la unificación de las asambleas (las mociones de orden deben ser votadas inmediatamente después de ser presentadas). Mociones realizadas por delegados de distintas fuerzas opositoras cuya votación fue vedada bajo argumentos tan inadmisibles y arbitrarios como su no inclusión en el temario ¿Cómo incluir previamente en un temario una moción de orden?

LA ÚNICA SALIDA, ORGANIZARNOS…

Desde la Agrupación Docente María Saleme entendemos que el camino para lograr las mejoras laborales y pedagógicas que toda la comunidad educativa exige es el de la lucha organizada. Por ello adherimos a la medida de fuerza de este miércoles 23 y participamos activamente de la movilización. Sin embargo, creemos que una medida de lucha aislada no apunta a la organización, sino más bien a una demostración de fuerza frente al Gobierno entrante, a fin de garantizarse la gestión del Ministerio de Educación para su hijo pródigo: Walter Grahovac. Reconocemos, asimismo, que la comunidad educativa está dando muestras claras del hastío de su situación y de sus fuerzas para revertirla. Prueba de ello son los mandatos escolares que, a comparación con los lineamientos de la conducción celeste, son altamente superadores: demanda de aumento de alrededor de un 35% al básico, que no haya cláusulas de cierre de la negociación salarial, que se anule toda normativa que habilite el “descuento por paro”, que no se armonice el sistema previsional en detrimento de los montos jubilatorios, etc.; así como las distintas reuniones de docentes autoconvocados que vienen, desde hace tiempo, levantando las banderas que el gremio ha olvidado en los albores de sus años de sillón.