Como agrupación con un poco mas de un año de existencia, aún nos encontramos en un proceso de construcción de una visión y una propuesta colectiva sobre la educación que queremos; así y todo, compartimos algunas ideas y certezas al respecto; lo que nos ha permitido reunirnos, conformar esta agrupación, salir a la calle, participar públicamente en nuestro lugar de trabajo.
Pensar que la educación siempre se da en un contexto social determinado nos parece una idea fructífera a la hora de comprender la realidad escolar. Una idea que, nos cuenta Maria Saleme, por muchos años ha sido olvidada por los especialistas; cuyas propuestas pedagógicas, contradiciéndose a si mismas, se desarrollaron, y se desarrollan, en contextos particulares, con intereses particulares que, obviamente, no son los nuestros.
Decimos que esta nos parece una idea fructífera porque podemos inferir varios principios que nos ayudan a construir la educación que queremos y necesitamos.
-Como la educación se da en un contexto rechazamos todo tipo de políticas educativas elaboradas por expertos en abstracto, de aplicación indistinta en diferentes países y realidades. Algo que viene sucediendo hace ya mucho tiempo en toda Latinoamérica.
-En 2010, al participar de la lucha contra la reforma de la 8113, sosteníamos que una ley de educación debía ser el resultado de una construcción colectiva genuina de toda la sociedad. Lo mismo pensamos para todo tipo de políticas educativas, deben reflejar la voz de los que viven la realidad escolar. En una verdadera democracia los asuntos fundamentales deben resolverse a partir de la participación popular.
-Entonces, para poder pensar que educación necesitamos debemos conocer el contexto donde vamos a enseñar. En un contexto signado por la exclusión y la injusticia, aún cuando trabajemos en escuelas de elites que son parte de un sistema educativo y social intencionadamente segmentado, es claro que necesitamos educar para el cambio, para la transformación. “No podemos aceptar nosotros, educadores, que haya gente excluida”, afirmaba Maria Saleme, y coincidimos. Valores contrarios a la igualdad y la libertad están reñidos con la educación.
-Durante el conflicto educativo del año pasado una de las líneas que bajaban los deformadores de opinión locales era que los alumnos debían estar en las aulas. Nosotros pensamos que la realidad debe entrar a la escuela y que una manifestación en defensa de nuestros derechos también puede ser un “aula”.
Paulo Freire decía que “el acto de estudiar es, en el fondo, una actitud frente al mundo. Esta es la razón por la cuál… no se reduce a la relación lector-libro, o lector texto. Los libros en verdad reflejan el enfrentamiento de los autores con el mundo. Expresan ese enfrentamiento. Y aún cuando los autores huyan de la realidad concreta estarán expresando su manera deformada de enfrentarla. Estudiar es también, y sobre todo pensar la práctica, y pensar la práctica es la mejor manera de pensar correctamente. De esta manera quien estudia no debe perder ninguna oportunidad, en sus relaciones con los demás, con la realidad, de asumir una postura de curiosidad. La de quien pregunta, la de quien indaga, la de quien busca.”*
¿De que manera vamos a “construir un ciudadano responsable, crítico, activo, participativo, que conozca sus derechos y sepa defenderlos …”, como rezan las distintas leyes educativas? Se aprende a participar participando y la escuela debe brindar las herramientas necesarias que permitan conocer y comprender la sociedad de la que se es parte, para poder transformarla. No hay autonomía sin conocimiento.
-Coherentemente con lo anterior, no separamos nuestra acción política de nuestra acción educativa. “Cuando luchamos por nuestros derechos también estamos enseñando” fue una de nuestras banderas durante el conflicto del año pasado. De todos modos no pensamos que tener una “actitud política” sea materia de elección; la neutralidad no existe en la acción humana. Si no te involucras también estas actuando políticamente. El mito de la/el docente que deja su vida fuera del aula, es solo eso, un mito. Por ello son fundamentales condiciones de trabajo dignas, acordes a sus necesidades y a lo crucial de la tarea a realizar. Dentro de la dignidad incluimos las condiciones necesarias para la masiva participación política de las y los docentes que les permita incidir en la planificación de la tarea que ellos mismos deben realizar.
-Resulta una tentación insistir con Maria Saleme cuando la simpleza de su explicación suple nuestras limitaciones expresivas: “¿Cuánto te llega a vos, por vía del ojo, del gesto del otro?, ¿cuántas cosas te dice el silencio del otro?, ¿cuánto te esta avisando de lo que vos no entendes de ellos, de sus propias soledades? Entonces recuperar los sentidos para poder trabajar más, mejor con la gente.” La racionalidad técnica, los criterios de eficiencia y productividad presentes en las distintas reformas educativas no tienen en cuenta que la relación pedagógica es una relación entre humanos, con sus emociones y sentimientos; con sus realidades. Esto también debe ingresar en la curricula.
Estos son algunos puntos que creemos importantes a la hora de construir una educación pensada desde las necesidades del pueblo. Para cerrar traemos de nuevo al presente a “la Maria”, referencia insoslayable para pensar la educación en Córdoba. Ella decía que, sin dudar de la necesidad de la escuela, había que revisar su propuesta, pues carecía de vigencia. Siguiendo este pensamiento sostenemos que la escuela debe ser reconstruida, repensada totalmente, desde su idea de autoridad hasta la conformación de la curricula, desde la manera de dar clases hasta la organización del espacio escolar. Y esto debe ser hecho a partir de la participación real y genuina de toda la comunidad.
* “La importancia de leer y el proceso de liberación” Paulo Freire. Siglo XXI, 1996.
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